OCTAVA PARTE
LEGISLACIÓN MATRIMONIAL DE AUGUSTO.
Por razones demográficas y medio
de frenar el avance de costumbres licenciosas y favorecer la procreación de
prole numerosa, Augusto dictó un "código matrimonial" al hacer votar
al comicio de los últimos años de la república, las leyes "Iulia de
maritandis ordinibus" (año 18 a.C.) y "Papia Popaea" (año 9
a.C.) que fusionó bajo el nombre de "Iulia et Papia Popaea".
Esta legislación obligaba a
contraer matrimonio a los varones solteros (célibes) de 25 a 60 años y a las
mujeres de 20 a 50. Si no respetaban, eran sancionados con una incapacitas
sucesoria que también se aplicaba a los casados sin hijos (orbi).
Los solteros tenían una
incapacidad total para adquirir por testamento y los orbi se veían privados de
la mitad de las liberalidades. A lo que dejaban de percibir, se denominaba
vacantes y pasaban a herederos que tuvieran hijos o al fisco. Tales penas se
impusieron también a viudas y divorciados si no contraían nuevas nupcias.
Los ciudadanos que cumplían,
tenían privilegios, como el de ocupar cargos públicos antes de la edad
requerida, se dispensaba del pago de ciertos tributos a quien tuviera tres hijos
en Roma y cuatro en Italia; se eximía de la tutela perpetua a la mujer que
gozaba del "ius liberorum", la ingenua con tres hijos y la manumitida
con cuatro.
Las leyes augustas crearon un
sentimiento de resistencia a las mismas, hasta que quedaron sin efecto en el
derecho justinianeo.
SEGUNDAS NUPCIAS.
La disolución del vínculo
matrimonial no impedía a los cónyuges pasar a segundas nupcias, solo que a
mujer tenía que guardar un tiempo de luto de diez meses, y de un año en el
derecho postclásico.
El derecho romano se caracterizó
siempre por mirar con poca estima al cónyuge bínubo, especialmente a la mujer.
Pasado el tiempo de Augusto, los emperadores volvieron a la antigua tradición
romana. Alejandro Severo prohibió a la viuda que contraía segundas nupcias
educar a sus hijos. Teodosio II y Valentiniano III restringieron el derecho de
los viudos en cuanto a la disposición de los bienes de sus "filii".
Establecieron que el cónyuge que celebraba un segundo matrimonio solo
conservaba el usufructo de los bienes del consorte premuerto, quedando la
propiedad para los hijos.
FIN DE LA OCTAVA PARTE
Fuente: Manual de Derecho Romano (Luis Rodolfo
Argüello)
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